Un día más en la Vicuñita
Como vendedores, no solo vendemos un producto o una experiencia. Hay algo más, mucho más detrás que el vendedor y el viajero deben conocer, lo que realmente implica para la madre naturaleza y para la sociedad andina comprar un producto en la Vicuñita.


Un día más en la Vicuñita...
Aquí estamos. Otro día más, trabajando en una empresa más, una de esas tantas que venden alpaca y souvenirs. ¿No?
Los vendedores como yo tenemos una visión materialista de los que nos rodea. Debemos hacerlo si queremos vender. Vemos distintos grados de potencial de venta en cada uno de los productos y experiencias. Vemos precios, calidades, cualidades físicas, marcas, inventarios, descuentos, escaparatismo, segmentos de mercado, público objetivo... Todo lo que le da valor y objetivo comercial a un producto, todo lo que necesita un vendedor para vender... ¿Todo?
Cuando veo el cielo nocturno, no veo lo que la mayoría ve. La gente mira arriba, ve esas luces tintineantes, estrellas fugaces y dice: oh, que bonito. Piden deseos o lo utilizan como herramienta para enamorar a otro. Algunos son más listos y dicen: esa parpadea, ergo es una estrella, y esa que no parpadea es un planeta. Otros tienen buena imaginación y ven un poco más; ven constelaciones, ven formas trazadas que su cerebro luego interpreta. Y si creen en la astrología, ven signos zodiacales, y asociados a ellos destinos, profecías y cambios en sus vidas y las vidas de terceros.
Otros como yo vemos un poco más allá de la cúpula, más allá de lo que los ojos pueden ver a simple vista. Todo lo que hay detrás de una simple luz bonita que tintinea en el cielo. Lo que hay más allá de una balanza, un arquero, un escorpión, una cabra o un toro con el poder inalámbrico de alterar nuestro destino por el solo hecho de haber nacido un cierto día de un cierto mes del año.
¿Qué veo? Bolas de gas fusionando hidrógeno y helio. Veo nebulosas, cúmulos globulares y galaxias repletos de esas bolas de gas, muchas de ellas como nuestro Sol, otra bola de gas incandescente. Pero aún podemos ver más allá, y vemos años luz, es decir, vemos el pasado. Y si miramos incluso más allá, vemos el origen de todas las cosas. Un origen sin el cual estas palabras ni siquiera existirían. Un origen de todo lo que es, fue, y será. El origen del cosmos.
Tal vez los ojos del primer día de un vendedor lo vean así:
Una prenda de alpaca real. Como vendedor con una visión materialista, ¿qué es lo que veo? Fibra de alpaca de buena calidad. Muy suave. Un producto que con tocarlo se vende por sí solo. Excelente, ¿qué sigue ahora?
¡Oh, camélidos! Con que de aquí es de donde viene la fibra, y los viajeros pueden acercarse a ellas y darles de comer. ¡Incluso hay vicuñas! Estupendo, una experiencia que nuestros ojos materialistas, y los de los viajeros, reciben con agradecimiento. Un valor añadido al producto que debemos vender. Una herramienta más. Pero claro, aún estoy viendo la cúpula...
¿Cómo? ¿Que también hay un jardín botánico? Muy interesante. Plantas nativas y endémicas, más datos que memorizar y una herramienta más que aumenta el valor del producto —seguimos en la cúpula—.
Al segundo día, tal vez al tercero, nuestra vista ya no ve solo la cúpula. No vemos una prenda fina. Ni siquiera vemos la fibra. Vemos el origen de esa fibra, que no es la alpaca. Antes de crear esa fibra, la alpaca necesita pasto. Para obtener el pasto, se necesita a alguien que lo coseche. Para cosechar ese pasto, primero tiene que haber habido agua y minerales... Los incas ya lo habían visto. Y ahí me doy cuenta: todo está conectado.
Para yo poder vender esa prenda de alpaca real, un artesano debe haberla confeccionado. Este artesano debe haber comprado la fibra. Una persona de las comunidades andinas tiene que haber teñido las fibras. Otra persona ha recolectado los minerales, plantas y cochinillas para preparar dichos tintes. A su vez, para obtener las fibras alguien debe haber alimentado a las alpacas. Alguien ha cultivado el pasto para alimentar a las alpacas. Las plantas en la naturaleza de las que se alimentan los animales y de las que se obtienen los tintes, fueron polinizadas por insectos y por aves. Y a su vez las alpacas han abonado la tierra de la que se han alimentado dichas plantas. Muchas de ellas, plantas endémicas del Cusco y nativas de Perú que sobreviven gracias a que un viajero decidió comprar una prenda de alpaca real que yo le he vendido.
Entonces, ¿qué veo al trabajar en la Vicuñita? Veo un ciclo, como una cadena con eslabones que gira sin parar. Una cadena que necesita cada eslabón para que no se interrumpa. Cada eslabón es esencial, porque no solo está conectado al anterior y al siguiente. Está conectado con toda la cadena. Y cuando uno puede ver esto, el descubrimiento, el aprendizaje, la experiencia son constantes. Una constante como el propio giro del ciclo.
Así que, mi trabajo no es solo vender una prenda de alpaca. Es hacer que el viajero que nos visita comprenda que él mismo y esa prenda que se lleva son parte esencial de ese gran ciclo. Que al comprar esa prenda, no solo está adquiriendo un producto de lujo a un precio justo. Está entrando a formar parte de un ciclo que está ayudando a preservar y restaurar toda una cadena de la que se va a beneficiar no sólo una empresa, también la sociedad andina y la propia Tierra.
Por lo tanto, trabajar en la Vicuñita no es solo un día más de trabajo. No es solo vender alpaca y souvenirs. No es solo darle al viajero una vivencia educativa sobre plantas y camélidos. Trabajar en la Vicuñita es descubrimiento constante. La vivencia de aprender algo nuevo cada día, y de darle al viajero ese algo nuevo cada día, algo que se llevará para siempre a su hogar. Un memento material, experimental, para algunos espiritual, de lo que significa y lo que implica la preservación de un ciclo andino y la regeneración activa de todo un ecosistema. Todo con una simple compra. De igual forma que una alpaca forma parte de un ciclo al comer el pasto del suelo, o un picaflor al tomar el néctar de una flor endémica, una venta es una contribución a este ciclo reconstructivo.
Conozco mi eslabón. Mi función es lograr una venta, para que el siguiente eslabón pueda continuar. Para que otra familia andina pueda seguir trabajando. Para que otra planta pueda crecer. Para que otra parte perdida del ecosistema cusqueño vuelva a florecer. Una venta que devuelve a la tierra, a la Pachamama, un trozo de su ser que algún día la sanará.
